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viernes, 29 de junio de 2018

Algunos relatos orientales

Algunos relatos orientales



                                                      
Escrito sobre: 


Obra: Algunos espectros orientales
Autor: Koizumi Yakumo
Editorial: Libro al viento.
Año: 2011
Género: Cuentos



Obra: Cuentos de China y Tíbet

Autor: Lotta Carswell
Editorial: Norma
Año: 2011 
Género: Cuentos





"El poeta está envuelto en el humo de su pipa, y dice:

¡Oh! ¡El sueño! Por él vivimos muchas vidas distintas; él nos
libertad de la esclavitud del ser. Ser de un modo, ¡qué triste...! "
                                                 Fernando González


Las costumbres obedecen a los valores intuitivos, como dice William Ospina, y estos a través del lenguaje adquieren y se enriquecen de una forma  simbólica: todo tiene que ver con todo. Aquél lenguaje vivo se mezcla con los sueños y recuerdos, creando una memoria colectiva que se expresa en la palabra, en el relato.

Hace muy poco tiempo me enteré de cómo el gallo cantor se había ganado su corona. Que en el extremo occidente del Tíbet, en el reino de Sekkim, construyeron una torre que se izaba hasta el cielo y que todo ello inició  por un granjero que amaba sus cerdos. De la extraña historia de unos mágicos seres diminutos hechos en madera y al servicio de una señora que los hacía crear, cultivar y moler una misteriosa harina de trigo; luego la señora  utilizaba esta harina para hornear viandas deleitosas que brindaba a sus residentes al amanecer como desayuno, transformando a los incautos viajeros en burros. Es imposible no recordar aquella alegre e infortunada marioneta de madera que, al quedarse cinco meses sin escuela y en una entrega total al divertimento, se contagió de la fiebre de burro; luego en ese estado lamentable lo vendieran a un circo. De una manera muy similar, en este cuento chino, la señora número tres arriaba con un látigo largo  a sus desgraciados residentes transformados en jumentos. En la comunión de estos dos últimos relatos yace la extrema confianza de los futuros burros.

El tiempo, máximo regente de las culturas vivas y muertas, se expresa de una forma  divina en un sublime relato japonés. En esta historia, el tiempo es moldeado como un bello y fatídico sueño de un góshi (que es propietario rural y soldado-granjero) llamado Akinosuké; en este relato el resultado mágico, más que el acontecimiento, es el transcurso temporal.  Esta misteriosa concepción  del tiempo está muy arraigada en el vientre oriental y la podemos ver  en el Dios Visnú, el regente cósmico que nos sueña y sueña la realidad, y también en Sidarta Guatama,  que según la gloriosa historia oriental, era el iluminado, Buda  o despierto, de esta dolorosa realidad.

El que lea aquellos relatos asiáticos tiene la posibilidad de ver cómo al caerse  las pinturas de los peces en el lago, se desprenden del papel y ¡se alejan  nadando a las profundidades del Oriente!

Por Alan Sigma 




viernes, 25 de mayo de 2018

La historia de todas las esperas


  • Todos estábamos a la espera
    • Autor: Álvaro Cepeda Samudio
    • Tapa blanda: 175 páginas
    • Editor: Editorial Popular; Edición: 1 (2005)
    • ISBN-10: 8495920123
    • ISBN-13: 978-8495920126



Y en esperar que pasen los tres años, el tiempo nunca pasa.
Juan Rulfo

A la mañana, al salir a trabajar, un hombre se sienta en el único banco que hay en el paradero de buses a esperar. Piensa en la cama desordenada y tibia que acaba de dejar, en el remedo de café que tomó y las migajas que dejó sobre la mesa para que un gato merodeador las devore parsimoniosamente. El bus se demora y el hombre comienza a desesperar. Se imagina que llega tarde a su trabajo, que tiene su maletín frente a él tomado con ambas manos como si le pesara bastante, tiene su sombrero puesto porque del susto no se lo quitó y ahora su jefe, mientras lo reprende por su retraso le pide que se lo quite para poder verlo a los ojos, que vea en sus lentes oscuros su propia miseria. Sin abandonar su maletín lo pone entre sus piernas y humillado se quita su sombrero estropeado por el viaje en el bus. Sus cabellos se desordenan y una gota de sudor se resbala por la oleaginosa mejilla. El hombre no quiso ducharse porque temía que el bus pasara y él no estuviera allí cuando lo hiciera. Teme que su jefe se dé cuenta de su incipiente hedor. Va a su cubículo. En su casa dejó algunas cosas que debía traer: los ganchos para su grapadora, un borrador de nata manchado, su sombrilla, y piensa en dónde dejó cada cosa: los ganchos están en el cajón de en medio de su mesa de trabajo; tiene varios borradores metidos en un frasco sobre la mesa, todos a medias, limpios, pero él usa el manchado; la sombrilla está junto a la puerta, había permanecido en la bañera todo el fin de semana y en la madrugada, cuando se levantó por una sed repentina, salió de su habitación, por el corredor miró hacía el baño y creyó ver que había un hombre agazapado en la bañera, en cuclillas, haciendo quién sabe qué cosas, el mismo hombre que veía de niño en todos lados: bajo la cama, afuera, en los árboles y que le golpeaba la ventana. Pero ya era un hombre, vivía solo, y el hombre que veía se había ido cuando él entraba en la pubertad. Entró al baño a oscuras y tomó la sombrilla por el bastón, intentando cerrarla, tropezó y se mojó su pie izquierdo con el agua que quedaba aún en la bañera. Lanzó un juramento y sacó bruscamente la sombrilla, la dobló y la tiró hacía la puerta. Unas horas después frente a la ducha, recordó la sensación fría del agua en su pie que acentuaba el recuerdo de su gruesa media de algodón mojada, y su pretexto para no bañarse fue entonces la premura del bus por dejarlo esperando en el paradero. Y allí estaba, temprano en la mañana esperando el bus y aún no pasaba, tampoco había llegado tarde todavía. Hubiera podido dormir otro rato…

Ese mismo hombre piensa luego en otra cosa, cuando está en el bar, sólo que en el bar no dice que se trata de “él”, sino de “nosotros”. No está en su trabajo y no tiene que echarse solo la culpa, en el bar puede hablar de nosotros, como un miembro devuelto al seno de la humanidad. El hombre se junta con nosotros a esperar. Álvaro Cepeda Samudio, dice que esta vez espera a alguien, a una mujer, que sabe que en cualquier momento va a llegar y no pueden irse. Entonces van a la misma hora, a veces sin plata entonces ponen solo una canción para esperar a que llegue, se acaba la canción, se van y vuelven al rato. Una vez el dueño que ya los ha visto por ahí, dice que pueden tomar lo que quieran, entonces ya no tienen que irse, pueden quedarse y tomar un trago. Otro tipo llega a esperar al bar. Sin haberle preguntado, dice que también espera, que desde hace un tiempo está esperando, que lloró una vez y que ahora espera. Y mientras lo ven esperar, de reojo apenas porque él todavía no es uno de nosotros, el hombre recuerda a Madeleine, el café que le dio en la estación del tren cuando se estaba quedando dormida, queriendo quedarse con ella, o irse con ella. Esperando en el bar llega Madeleine a pedir a nosotros que no la esperen más, y está bien. Madeleine está ahora esperando en la calle a que pase el bus.

A veces nosotros son sólo 2 nomás: Vladimir y Estragón, que esperan a un tal Godot que nunca llega, pero que puntualmente manda a uno de sus criados a avisar que no va a venir pero que mañana sí lo va a hacer, que lo esperen. Y lo esperan.

Eligio García Márquez escribió Para matar el tiempo. Y es el mismo hombre, que espera una mujer, la hija del dueño de medio mundo en Cartagena; una mujer a la que ve partir. Y esperando espera que su vida cambie; sus amigos se emparejan, pelean, unos se van. Y él se queda esperando, oyendo discos y leyendo, que son vicios del que espera.

La literatura es la historia de todas las esperas. No quería decir más, pero algo tenía que decir mientras esperaba, lector, a que llegaras hasta aquí.


Por :
Carlos Pérez


lunes, 14 de mayo de 2018

Ficções / Ficciones desde Brasil

Ficções
Ficciones desde Brasil
Edición: Bogotá, abril de 2012
Autores:
Joaquim María Machado de Assís
Afonso Henriques de Lima Barreto
Graciliano Ramos
Clarice Lispector
Rubem Fonseca
Dalton Trevisan
Nélida Piñón
Marina Colasanti
Tabajara Ruas
Adriana Lunardi
Isbn: 978-958-99935-9-0









Los cachorros del sur

Tú al morir presentías vagamente

vivir en mi memoria.

– Miguel de Unamuno


La reverberación en la tierra de los dioses que caminaban con los hombres, que los veían desde los cielos, desde la luz dorada del sol altísimo o desde la amorosa mirada de la blanca nodriza nocturna, ha aclimatado a los perros a correr acuciados por el calor del hambre, les ha enseñado del pillaje nocturno y de las correrías de la caza para sobrevivir. El sol, desde lo alto, como un niño que juega a quemar a las hormigas, ha reunido a hombres y canes a la sombra de los techados de zinc o bajo las tejas de barro, a compartir, casi exclusivamente, el hambre, repartida en platos de arroz apenas cocido o de maíz sancochado. Ha juntando sus orfandades en hogares precarios, donde encuentran consuelo en miradas conmovidas por otra tragedia como la suya; abandonados a sí mismos; han trucado la compañía en afecto, y en últimas, han caminado juntos sobre las huellas de sus antiquísimos ancestros, y estos, sobre las del primer hombre, que desertó de la humanidad, y encontró en su soledad a una bestia de ojos acuosos, triste y callada como él, que convino en llamar su mejor amigo.
En pajonales junto a las chacras o en ranchos de lata, el hombre se ha atrincherado junto a su familia, y en ocasiones debe echar a suertes la vida del perro; que muera por pura piedad para evitarle la penosa enfermedad o por pura negligencia cuando el pillaje amenaza por acabar los pocos recursos. Cooper, el dueño del fox-terrier blanco que Horacio Quiroga da el nombre de Yaguaí, sí que sabe de eso, cuando en una estación de calor en Misiones y molesto por los asaltos a su corral dispara a tientas una noche para ahuyentar a los perros.
Fabiano es el otro caso, toma su escopeta, la lija y la limpia, porque no puede dejar a Baleia en esas condiciones. Mientras tanto doña Victoria, apenada y conmovida toma a los dos niños, los lleva a la habitación y con sus manos y sus muslos tapa los oídos a sendos niños. Baleia, una perra enferma por brotes y secreciones cutáneas confundidas con principios de hidrofobia, amarrada piadosamente a una estaca, temerosa porque no entiende la situación, después de un fallido disparo en una de sus patas, pierde lentamente la visión, por el sol y como si se le fuera con la sangre que pierde cada minuto que Fabiano toma para recargar el arma. Y descubrimos en Baleia, de la mano de Graciliano Ramos, la humanidad contenida en la pequeña perra uncida a la alegre actitud de no saber de nada que traen siempre los perros. En agonía, Baleia empieza por odiar a Fabiano, por querer morderlo, pero cómo, si había nacido junto a él y no había visto otra cosa sino a Fabiano, a doña Victoria y a sus hijos, con quienes se revolcaba en las piedras. Luego de la oscuridad de sus ojos, Baleia despertaría otra vez feliz, para lamer las manos de Fabiano y dar vueltas con los niños, todos juntos en un corral que no había visto nunca pero sabía que era de ellos, que allí permanecerían.
Son todos perros habituados al calor y a la muerte moviéndose a plena luz. Entonces también pasa que es el perro que ve las anunciaciones de la muerte. Como la que descubrió Old, en La Insolación, el más joven de los fox-terrier de míster Jones, la muerte confundida con su amo, sentado en un tronco en pleno sol en Misiones. La cuadrilla, día y noche cuida de su amo, permanece muy cerca de la casa, aguzando el oído, pero para todos nosotros la muerte es una fatalidad.
Con la certeza de la noche, el sol se oculta a la hora acostumbrada.



Carlos Pérez.


Lee el libro en:


viernes, 2 de marzo de 2018

Reseña de: EL SIGNO

Titulo: El Signo

Editorial: Panamericana
ISBN: 978-958-30-5528-7
Autor: Philippe Thirault
Ilustrador: Manuel García
Categoría: Novela gráfica
Reseñado por Alan Sigma



“… Solo hay una regla: nosotros no escogemos los libros, nos escogen a nosotros” lo dice Alex Morgen, ganador del prestigioso premio Apolo por su novela “Pérdida del Aura” y protagonista de esta novela gráfica, de esta trama fatal y casi inadmisible. Si esta frase lanzada por Alex Morgen al lector fuera verdad –  yo creo que es así –  ¿Qué sería esta reseña entonces ? Yo deseo que mi reseña sea  un brazo oscuro y ambiguo que tome delicadamente la mano del lector  y lo acerqué a uno de los placeres máximos en esta vida, leer libros siniestros, como balazos en la oscuridad, siempre van a cobrar una víctima.  Todos los libros no solo toman decisiones por ti, también te hacen cambiar la vida, a Alex Morgen, por ejemplo, se la cambió de forma diabólica e inadmisible, estos hecho trascendentes siempre han sucedido y sucederán a los lectores que se entregan con desespero  y sin cuidado a una obra oscura.


Las ilustraciones de este libro son siniestras y a veces turbias, cotidianas y macabras – esto las haces más reales – la familia de Morgen en ese sentido es más real que cualquier familia feliz que veamos transitar por nuestro ojos...  “No todo lo que parece es, no todo lo que es parece...”  esta  frase de Saramago es la que más se acerca a la extraña esencia de este libro.

Ven lee, sumérgete en las tinieblas de este libro y sal de la oscuridad como una bestia renovada.  


domingo, 25 de febrero de 2018

Reseña de: GALERÍA DE ESPECTROS


Obra: GALERÍA DE ESPECTROS

Editorial: Club de Diógenes Valdemar
Año: 2011
Género: Novelas cortas
Por: Alan Sigma


Benjamin West. (1777)Bruja Endor

Es impactante descubrir esta conmovedora y triste representación al óleo del desolado Saúl, monarca de Israel, postrado frente a la imagen del profeta espectro; Samuel, esta pintura de la carátula encierra amores y tristezas, odios y promesas. Cabe resaltar que las tres novelas fueron creadas por tres escritoras; dos británicas y una escocesa. Fantásticas escritoras que a través de sus novelas nos develan su infinita sensibilidad al paisaje, y al infinito desconcierto que es la existencia humana.

Los caminos ennegrecidos por robles carbonizados murmuran la canción fatídica que al mezclarse, ceniza y lodo, forman un paisaje lúgubre, sombrío, similar al que presencia el poeta Dante cuando evoca: “No había llegado aún Neso a la otra parte, cuando penetramos en un bosque, que no estaba surcado por ningún sendero. El follaje no era verde, sino de un color oscuro; las ramas no eran rectas, sino nudosas y entrelazadas; no había frutas, sino espinas venenosas.” Al igual que un pueblo llamado Brentwood, Escocia, la noche tocaba a los tilos, olmos y perfumados cedros de colores rojizos y verdes ahora transformados en seres misteriosos, oscuros, en enormes figuras retóricas, fantasmales al acecho del lector imprudente.

En la novela un fantasma enamorado nos describe una antigua y rica casa en ladrillo rojo que conserva cuadros colgados hasta en el techo, casa que posee un salón maravilloso de color amarillo adamascado en el cual la señora Oke una distinguida, anacrónica, exquisita, estrafalaria y obsesionada por el pasado se abandonaba “a sus extraños ensueños”. Similares a los que Roland, el niño que atraviesa cabalgando en poni la escuela y el camino a la mansión asediada por antiguas ruinas cae al oír una misteriosa voz de llanto, y, que hace jurar al padre, coronel retirado que libere aquella voz angustiosa inserta en su cabeza o como la figura de ojos centelleantes y rostro marrón que observa la pequeña Gretchen esa figura espectral que es capaz de desviar tiros y regar cubilete con agua de Seltz.

Ayer soñé con un fétido demonio, aluciné que sus largos brazos me hundían en la fría tierra, me asfixiaba y sentía que me observaban sus malditos ojos resplandecientes ¿era la luna llena? ¿Quién puede afirmar que este libro fue el que lo propició? Este vinum sabbati te puede hacer experimentar la apremiante sensación que te observan, y tal vez haga desaparecer el sueño en un inquietante sentimiento de lo desconocido y te absorba en una pavorosa parálisis, nerviosa y silenciosa, como la de los muertos. Los fantasmas pueden ser una vaga ilusión pero ¡cómo nos estremecen!

domingo, 18 de febrero de 2018

Reseña: LA ASOMBROSA GUERRA DE MICHAEL KOHLHAAS


LA ASOMBROSA GUERRA DE MICHAEL KOHLHAAS


Título: Michael Kohlhaas
  • Tapa blanda: 144 página
  • Editor: Alba Editorial (1 de enero de 2007 Colección: Clásica 
  • Idioma: Español
  •  ISBN-10: 8484283267

Por Alan Sigma













"Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida."
Apocalipsis 2:10


El castillo de Tronka arde y arde entre risotadas siniestras, crepitación del funesto fuego de la tercera noche que da comienzo a la siempre asombrosa guerra por la venganza de las dos negras recuas maltratadas. Existen objetos y seres que obtienen en la historia y en mundo de la vida de los sujetos cargas significativas enormes; la lanza del centurión Longino por ejemplo, hierro que se nutrió con violencia de la sangre y del agua sagrada que surgió de la herida de un Cristo fallecido, y, luego de cientos de años se transformaba en una reliquia sagrada, poderosa, mordaz, que apresaba el poder de ser invencible. El florero de Llorente, símbolo que contiene en sus fragmentos la independencia nacional y la pólvora de la inextinguible violencia, Aquellos objetos dejan huellas definitivas en la historia de la humanidad y en las naciones. Esto sucede en todos los lugares, en todas las culturas en todas las épocas, como aquel poeta que “iluso solía rimar –en verso de contorno difuso” y que cambia su vida por un anillo de hojalata. O el de la llave que se encontraba en Salónica símbolo de una vida pasa perdida de Toledo.

De esta misma forma los caballos fornidos y morunos de Kohlhaas el justiciero son el arquetipo de la justicia radical imperdonable, que es tomada por una persona que se siente desprotegida por un estado monárquico que no defiende sus derechos, esta obra nos orienta por un sentido de la justicia puro, extremo en que la pérdida de un par de caballos color bruno son la suma de acontecimientos dramáticos que terminan en la quema de una parte de Sajonia “los caballos por los que el estado tiembla” Nunca antes la palabra justicia adquiere tantos matices finos y severos.

Esta asombrosa guerra en donde el poeta Heinris Von Keist logra retratar la rebelión pura o en palabras del escritor Germán Espinosa “Su obra, no obstante, parte de raíces profundas en lo objetivo y toca lo ideal o lo mágico sólo cuando el lector ha sido envuelto por completo en las redes de la realidad.” Kohlhaas, germano que además de tener un asombroso sentido de la rectitud en su sedicioso y puro espíritu crea un ideal llamado “la profesión de corazón” que hace que un sencillo chalán se vuelva un aguerrido renegado, Leer a este poeta suicida te absorbe en un místico suceder de las cosas en que los objetos son severamente significativos, un pequeño papel se transforma en un poderoso talismán con la propiedad de salvar vidas de estirpes enteras. ¿Qué dice el papel con tales propiedades? ¡Acércate y averígualo, léelo!








Matilda de Roald Dahl

Matilda © 2005-01, Roald Dahl Título original: Matilda Traducción de Pedro Barbadillo Ilustración de cubierta: Quentin Blake Edi...